La dinámica de una iglesia que crece

 

Por Fred Smith

Buenos Aires, Publicaciones Alianza, 2004

 

Capítulo 1

EL CRECIMIENTO DE LA
IGLESIA DE JESUCRISTO

La Iglesia El Buen Redentor tiene menos de cinco años de existencia y crece a un ritmo de un 7% cada año. Está ubicada en una avenida principal por donde pasa, a cada rato, un ómnibus de una de las siete líneas que entran a la ciudad. La iglesia, que hace sólo tres años estrenó su nuevo local, ya tiene 420 miembros con una asistencia promedio de 560 personas. El equipo ministerial cuenta con dos pastores a tiempo completo y cuatro más a tiempo parcial, porque son alumnos de un seminario ubicado en la misma ciudad. El pastor principal ha estado con la iglesia desde el comienzo. La junta administrativa la integran doce miembros, de los cuales seis tienen menos de tres años como miembros de la iglesia. La iglesia está involucrada en un programa de evangelismo continuo y discipulado de cada miembro nuevo. Todo indica que esta iglesia está creciendo y seguirá creciendo.
En otro sector de la misma ciudad se encuentra el templo de la Iglesia Getsemaní, de la misma denominación, que ha formado parte de su comunidad por más de veinte años. Aunque está escondida en una calle poco transitada es bien conocida, por lo menos en este sector. Creció hasta que tuvo 600 miembros, pero en los últimos tres años la comunidad ha cambiado y más de 250 miembros se han mudado a otras partes de la ciudad; algunos asisten a la Iglesia El Buen Redentor. Además, dos de sus cinco pastores han salido para ir a pastorear otras iglesias, debido a que los ingresos disminuyeron considerablemente y la iglesia no pudo seguir sosteniéndolos económicamente, ni pudieron contratar a nuevos pastores para reemplazarles. La junta administrativa está compuesta por hombres y mujeres que tienen un promedio de trece años como miembros de la iglesia. El plan de trabajo del equipo ministerial se enfoca mayormente sobre las necesidades de su comunidad, aunque también incluye dos campañas evangelísticas durante el año. A pesar de la ayuda social a la comunidad y las campañas, todo indica que esta iglesia está declinando y seguirá declinando.
Viendo ambos ejemplos, nos viene a la mente esta pregunta: ¿por qué tanta diferencia? Algunas razones son bien obvias, aunque otras no son tan evidentes. Investigando el asunto más a fondo se comprueba que hay enfermedades eclesiásticas que impiden el crecimiento de la Iglesia Getsemaní e, incluso, están matándola. Se puede decir que de estas dos iglesias, una decidió poner en práctica los principios de crecimiento que van a encontrar en este libro y la otra no.
En la década del 50 fue establecida una escuela de pensamiento que pronto impactó al mundo evangélico. Esta escuela dice que hay que diagnosticar la salud de una iglesia y receta un remedio para su recuperación espiritual y el crecimiento dinámico. Al reconocer las enfermedades eclesiásticas y saber cómo sanarlas, se puede descubrir por qué creció la Iglesia El Buen Redentor mientras que la Getsemaní declinó.
También nos llamaron la atención los principios bíblicos por medio de los cuales una iglesia puede crecer. La hipótesis es que la iglesia que practica estos principios bíblicos será una iglesia que mejora las posibilidades para crecer tanto cuantitativamente como cualitativamente. Juan Carlos Miranda dice lo siguiente acerca del enfoque de esta línea de pensamiento:
“...[E]s la ciencia que investiga la implantación, multiplicación, funcionamiento y salud de las iglesias cristiana. Especialmente de la gran comisión “hacer discípulos a todas las naciones” (Mt. 28.19). [Trata] de combinar los principios eternos de la Palabra de Dios con los conocimientos contemporáneos de las ciencias sociales y de la conducta humana”.
El propósito de este libro es ayudarle a conocer tanto los principios bíblicos como los de las ciencias sociales que también tienen base en la Palabra de Dios; indicarle cómo analizar las enfermedades eclesiásticas que tiene su iglesia, y cómo sanarlas; de qué manera conservar y medir el crecimiento de la iglesia, en cantidad y calidad; y cómo abrir nuevas iglesias. Pero antes de entrar al tema veremos un poco de su historia.
El reconocido padre de la “ciencia del iglecrecimiento”, como él lo llamó, es el doctor Donald McGavran. El doctor McGavran era misionero de los Discípulos de Cristo en la India. Durante este tiempo (1923-1954) se dio cuenta de que algunas iglesias crecían en su campo de trabajo y otras no. Además llegó a la conclusión de que la filosofía de su misión no alcanzaba el propósito de llevar las personas a Dios.
Tal verdad fue descubierta el día en que el doctor McGavran dialogó con una mujer que había vivido y trabajado por muchos años en la comunidad de misioneros. Le preguntó: “¿Cómo se explica que todavía después de tantos años con nosotros ninguno de ustedes sea creyente?” A lo que ella contestó: “Quizás sea porque ustedes nunca nos preguntaron si éramos o no cristianos.”
¡Nunca se les presentó el evangelio ni a ella ni a su grupo! El evangelismo no era una prioridad para la denominación del doctor McGavran en aquel tiempo y lugar.
Sin embargo, él observaba que otros grupos de las castas bajas en la India aceptaban a Cristo masivamente. ¿Qué marcaba la diferencia entre los indios de su localidad y los de otros lugares? ¿Por qué veía en un lugar multitudes convertidas mientras que en su propia “casa” ni uno llegaba a los pies del Señor? Esto lo hizo pensar mucho y al final escribió el libro: Los puentes de Dios (1955), que para muchos significó el “primer tiro” en el movimiento de “iglecrecimiento”.
Durante los años 1954 y 1960, McGavran sirvió en la Junta Misionera Cristiana Unida, tiempo en el cual definió sus ideas sobre el crecimiento de la iglesia y la posibilidad de enseñárselo a otros. Su sueño se hizo realidad en 1961 cuando fundó el “Instituto de crecimiento de la iglesia” (1961-1965) en Eugene, Oregon (EE.UU.) en el campus del Instituto Bíblico, Northwest Christian College. ¡La primera clase se inició con un solo alumno! En 1965 el instituto se trasladó al Seminario Teológico de Fuller en Pasadena, California con el nombre de “La Facultad de Misiones Mundiales”.
McGavran tuvo la oportunidad de hablar mucho sobre “su ciencia” a los niveles más altos de la iglesia protestante, y aun entre las iglesias ecuménicas. Además, en 1964 se dio cuenta de que la filosofía de ellas y la suya propia, sobre el crecimiento de la iglesia, no eran compatibles. Él creía que la misionología ecuménica “se había apartado de la comprensión clásica de la misión (la proclamación del evangelio, la invitación a recibir a Cristo y la incorporación a Su iglesia) concentrándose en problemas de ayuda social y de cooperación inter-eclesiástica y perdiendo la visión de los millones que todavía no habían sido evangelizados”.
Desde aquel tiempo él recalcaba la necesidad de alcanzar con el evangelio a todos los grupos de personas que hay en el mundo. Si otros querían dedicarse a las necesidades sociales y a las injusticias, adelante. Pero, por su parte, buscaría a los que se encontraban todavía fuera del reino del cielo para presentarles a Jesucristo. He aquí el énfasis sobre el crecimiento espiritual y numérico de la iglesia de Jesucristo: “Que toda persona en el mundo tenga la oportunidad de conocer a Cristo sin necesidad de cruzar barreras raciales, lingüísticas o de clases.”
Desde Los puentes de Dios (1955), mucho se ha escrito en inglés sobre el tema del crecimiento de la iglesia. ¡Lastimosamente existe muy poco en el idioma español! La bibliografía que se encuentra al final de este libro muestra lo poco que hay en español, aunque ciertamente no aparece todo lo existente en el mercado.
Quien ha escrito más que cualquier otro sobre el tema no es el doctor McGavran, quien murió en 1991, sino uno de sus primeros alumnos, el doctor C. Pedro Wagner. El doctor Wagner fue misionero en Bolivia durante dieciséis años y tuvo las mismas inquietudes que el doctor McGavran, razón por la cual se inscribió en sus clases. A la mitad de la década de los 80, Wagner fue nombrado para reemplazar al Doctor McGavran como el decano de la Facultad de Misiones Mundiales del Seminario Teológico de Fuller. Sus libros más conocidos en español son: Su iglesia puede crecer (1980) y Sus dones espirituales (1980).
Otro autor en esta área de estudios es el argentino Juan Carlos Miranda, quien en 1985 escribió el libro Manual de iglecrecimiento que nos ha servido mucho en el mundo hispano. En 1987, el misiólogo norteamericano, Larry Pate, publicó su libro Misionología (1987), que contiene mucho sobre el tema del crecimiento de la iglesia. Y de vez en cuando salen artículos sobre el tema en las revistas evangélicas, especialmente en la revista Misión. Y recientemente, el doctor Douglas Smith ha escrito: Bendecidos para bendecir (1992).
Hoy en día, este tema no está tanto de moda como antes. En las décadas de los 70 y 80, la línea de pensamiento iniciado por Donald McGavran en 1955 con la publicación de Los Puentes de Dios llegó a ser la moda entre las iglesias evangélicas. Pero en la década de los 90, el interés en esa línea de pensamiento empezó a menguar. Los motivos fueron varios, pero mayormente fue por el sentido pragmático generado por los aficionados de “iglecrecimiento”. Su entusiasmo a veces fue más allá de lo bíblico y, por ende, fue criticado por haberse cruzado la línea. Por eso ganaron la fama de no prestar la atención merecida a la Palabra de Dios y depender demasiado de las leyes del “marketing”, sociología y antropología.
Es cierto que los principios bíblicos tienen validez, pero también creo que los principios, tanto antropológicos como sociológicos, son importantes porque Cristo y los apóstoles los utilizaron para alcanzar a su mundo con el evangelio. Además, muchos creen que el enfoque sobre el crecimiento numérico es algo pecaminoso. El Capítulo 2 responde a este criterio con un análisis sobre la importancia de los números. Reconozco que en un libro de este tamaño no voy a poder responder a todas las críticas, pero trato de basar todo en la Palabra de Dios para que el lector pueda ver la urgencia de sanar la iglesia de sus enfermedades y verla crecer al aplicar los principios bíblicos.
La primera y segunda edición de este libro fueron basadas en mis experiencias tanto en el Perú como en Ecuador. Ahora, después de haber servido trece años como Director Regional de Latinoamérica para la Alianza Cristiana y Misionera de los Estados Unidos, tengo una compresión mucha más extensa de lo que el Señor está haciendo a través de Latinoamérica, desde la frontera de México con los Estados Unidos hasta la punta de Chile, incluyendo el Caribe.
Con esta pequeña introducción al tema, presentamos el material que ofrecemos a consideración de las iglesias evangélicas de habla castellana. Es mi esperanza que de algo sirva para la extensión del reino de Dios en el mundo latinoamericano.

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