Dios tiene la última palabra
![]() |
A veces los cristianos sentimos que estamos en una situación sin salida. En este libro, Albert Simpson nos muestra vida de personas de la Biblia que pasaron lo mismo, pero cuando Dios intervino, todo cambió. Esto nos llena de esperanza, porque Dios es el mismo hoy, y quiere irrumpir en nuestras vidas para cambiarlo todo. El título original del libro era “Pero Dios”, y presenta algunos casos bíblicos de personas que llegaron al límite donde ya no había esperanza, pero Dios intervino y cambió todo. Dios tiene la última palabra, más allá de las circunstancias, de los problemas, de las posibilidades o de nosotros mismos. |
EL DIOS DE ELÍAS
por Albert Simpson
Capítulo 1 del libro "Dios tiene la última palabra "
©2011 Publicaciones Alianza
Albert Simpson, Dios tiene la última palabra, Buenos Aires, Publicaciones Alianza, 2011.
ISBN 978-950-759-109-9
Capítulo 1
EL DIOS DE ELÍAS
¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? (2º Reyes 2:14)
Siempre me ha gustado el hecho de que cuando Elías fue arrebatado al cielo Eliseo no preguntara “¿Dónde está Elías?” al ver que su mentor y guía no se hallaba a su lado. Había perdido a su amigo y padre espiritual y si en alguna situación hubiera sido justificada la exclamación, dadas sus circunstancias, habría sido en este caso. Pero la idea que primero se le ocurrió a Eliseo fue la del Maestro, no la del discípulo. El clamor profundo de su alma no fue de mera simpatía humana, sino de búsqueda de la manifestación del poder sobrenatural y la presencia de Dios. La necesidad profunda de la vida de Eliseo fue la necesidad profunda de cada alma sincera de hoy en día: la revelación de Dios, la comprensión de lo sobrenatural.
Eliseo estaba pensando en todo lo que Dios había sido para Elías, y anhelaba que fuera lo mismo para él. ¡Oh que nuestro corazón pueda sentir el mismo anhelo de conocer al Dios de Elías, al Dios de Eliseo!
El Dios de Elías
¡Cuánto había representado y sido Jehová para el siervo a quien había transportado a la gloria de su presencia! Llamado de las soledades y yermos de Galaad, este hombre extraño y adusto cuya vida y carácter parecen haber sido moldeados entre la majestad de la naturaleza, a solas con Dios, irrumpió de súbito en medio de una sociedad de maldad y en un escenario de lujo y refinamiento impíos. La hermosa capital del reino de Israel se hallaba bajo el dominio del malvado y vulgar Acab, cuya conducta y cetro estaban por completo bajo el dominio de una mujer infame, cuyo nombre ha sido desde entonces epítome de toda maldad: Jezabel, la idólatra de Sidón.
El profeta de Galaad, sin ayuda, enfrentó a las fuerzas combinadas de una corte viciosa, un sacerdocio idólatra y mercenario y un pueblo entero que había sido desviado del camino de la piedad y se había hundido en el pecado y la apatía. La situación habría sido desesperada de no haber sido por los recursos de Dios. Con una valentía que no le falló una sola vez, el profeta encaró la situación y puso en acción la plenitud de su equipo divino. A su palabra los cielos quedaron sellados y la cosecha se marchitó y a su palabra se abrieron las compuertas de la lluvia y el suelo volvió a dar su fruto. Los cuervos de las cañadas acudieron a suministrarle ayuda y la escasa provisión de harina y aceite de la viuda fue multiplicada hasta que pasaron los meses de hambre.
Por fin todo Israel se reunió a sus órdenes en una misma magna asamblea en el Monte Carmelo, y allí estaba él para reivindicar el nombre de Jehová contra la perversa Jezabel y el iracundo Acab, los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y los millares del pueblo de Israel. El altar estaba preparado; las zanjas abiertas y llenas de agua; los vanos intentos de los profetas paganos se repitieron una y otra vez para estrellarse en un fracaso rotundo. Entonces, al final, vino la prueba solemne y Elías invocó el poder del Omnipotente para que enviara fuego del cielo. Como un rayo cayó el fuego y devoró los sacrificios, lamiendo las aguas de las zanjas y deslumbrando los ojos asombrados de los millares reunidos hasta que la intensa emoción no pudo ser contenida y como un trueno resonó la exclamación: “¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!”
Rápidamente se llevó la victoria a su inevitable y triste término. Los profetas de Baal fueron degollados antes de que pudiera tener lugar una represalia. Luego, postrado en una oración de agonía ante Dios, el profeta rogó en una escena culminante que los cielos fueran abiertos y descendiera la lluvia. Y la lluvia descendió a torrentes. Ceñidos sus lomos corrió delante del carro de Acab hasta las puertas del palacio. La nación entera se regocijó de que al fin hubiera llegado juicio y sentencia y el pueblo hubiera vuelto su corazón a Dios.
Pero mayor aun que esto fue la revelación del poder de Jehová en la vida de Elías. A él le fue permitido participar de algo espectacular, antes que a ningún otro mensajero de Jehová. Terminada su labor, todavía le esperaba un triunfo mayor, porque él fue el primero que fue levantado sin que la muerte pusiera sobre él su dedo y fue arrebatado a lo alto en un carro de fuego con caballos de fuego.
El Señor Dios de Elías es el Dios de la vida y de la muerte, el Dios de cielos y la tierra, el Dios de las naciones, príncipes y reyes, el Dios de la naturaleza y de la gracia, el Dios de los juicios y los galardones, el Dios que es un fuego consumidor, más poderoso que las fuerzas de la naturaleza, del hombre y del infierno. Este Dios poderoso cuyas obras Eliseo había presenciado al lado de su maestro y cuya presencia él mismo invocó, le mostró sus recursos infinitos al discípulo durante su vida, en formas aún más maravillosas que lo que él había presenciado en la vida de Elías.
El Dios de Eliseo
La proyección de la vida de Eliseo fue aún más amplia que la de Elías. Aunque el profeta del fuego fue una figura más sorprendente y quizá, en ocasiones, alcanzó vuelos más altos que los de su sucesor, con todo, la esfera de acción de Elías tomó un perfil más cercano a la humanidad y más beneficioso a las personas comunes y corrientes.
Sería de desear que el lector le dedicara una semana y leyera un capítulo cada día de la historia de Eliseo. Podría empezar con el segundo capítulo del Segundo Libro de Reyes hasta el capítulo séptimo, concluyendo luego, el séptimo día, con el trece, que nos da las últimas escenas de su vida. Este repaso nos traería a Dios más cerca de nuestro modo de pensar, despertaría en nosotros un deseo intenso por una vida vivida junto a Él, como la de Eliseo, y nos impulsaría a exclamar con frecuencia preguntando: “¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías?” Demos una mirada a algunas de estas escenas.
1. Dios interviene en la historia personal.
Volviendo hacia atrás a los últimos días de la vida de Elías y a la transición del ministerio del mismo a su sucesor, nos impresiona ver que la primera de las ilustraciones de los recursos de Dios es la manera maravillosa en que Jehová muestra su habilidad para elegir sus agentes y proveer el obrero que más se necesita en todo momento de crisis y apuro en la historia de su reino. Elías había fracasado y había huido de Jezabel en el mismo momento de su triunfo. Demasiado entusiasmado quizá, había venido la reacción antes de que estuviera preparado para contrarrestarla, oportunidad en que “viendo el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida”.
Pero ¡con qué delicadeza y ternura lo trató Dios! Le dejó marchar por el desierto hasta que se agotó, se puso a descansar debajo de un enebro y allí le quedó dormido; entonces le ofreció una y otra vez refrigerio hasta que recobró el ánimo. Luego lo envió a Horeb para darle allí las últimas instrucciones. Una de ellas fue relevarle el trabajo en el que por un momento se había sentido abrumado y le indicó quién tenía que sucederlo. “Vé, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco”, fue el mensaje de Dios, “y llegarás y ungirás a Hazael por rey de Siria. A Jehú, hijo de Nimsi, ungirás por rey de Israel y a Eliseo, hijo de Safat de Abel-mehola ungirás para que sea profeta en tu lugar”. ¡Cuán rápidamente había encontrado Dios su sucesor! ¡Cuán fácil es para Dios recorrer la corte de un reino lleno de pecado, o ir a un campo de labranza donde un humilde Eliseo está arando con yuntas de bueyes y llamarlo para ser el instrumento que necesita en el momento requerido. ¡Cuán claramente humilla esto nuestra arrogancia y sentimiento de rango y categoría! Dios no necesita nuestros talentos; somos nosotros los que recibimos un gran honor y privilegio si nos permite que lo sirvamos. Tengamos mucho cuidado en no cansarnos pronto, no sea que seamos relevados. Dios puede tomar en serio nuestra exhibición de desánimo y flaqueza y poner a otro en nuestro lugar.
2. Dios elije sus instrumentos.
Tenemos otra ilustración en 1 Reyes 22:34 en la que vemos cuán fácil es para Dios elegir un instrumento, incluso instrumento inconsciente para llevar a cabo su obra y sus planes. Mucho antes de eso Dios había decretado y anunciado el castigo de Acab por sus crímenes y su longanimidad había esperado y había perdonado la vida al malvado rey varias veces. Por fin había llegado el día del juicio y la forma elegida para realizarlo se destaca por su simplicidad: Acab estaba saliendo del campo de batalla en que había escapado de los asaltos de sus enemigos e iba parado en su carro, lejos del peligro, cuando “un hombre disparó su arco a la ventura e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura”. El hombre no tenía la menor idea de que su flecha hubiera dado en ningún blanco importante. Pero el rey se dio cuenta de que estaba herido y le dijo a su cochero: “Da la vuelta y sácame del campo, pues estoy herido”. Al hundirse el sol en el occidente desapareció su último aliento de vida, “porque la sangre corría por el fondo del carro”. ¡Cuán fácil había sido para Dios derrocar a su enemigo! ¡Cuán poco deberíamos preocuparnos nosotros de nuestros enemigos! “Amados, no os venguéis… porque escrito está: Mía es la venganza; yo pagaré, dice el Señor”.
Se dice que un hombre impío que una vez estaba regresando de una fiesta que había celebrado con unos amigos en la plaza del mercado de una aldea de Inglaterra: allí él había desafiado a Dios diciéndole que si existía, lo demostrara haciéndolo caer muerto. Como no le había ocurrido nada, él y sus compañeros regresaban jactándose de su acto blasfemo e insensato. Mientras cabalgaban por un camino rural, de repente se cayó del caballo presa de convulsiones y al acudir todos para ayudarlo vieron que estaba dando las últimas bocanadas y se caía muerto delante de ellos. No pudieron ver nada que pudiera haber causado su muerte. Cuando le hicieron una autopsia encontraron en su tráquea una especie de minúscula mosca, una de las más pequeñas criaturas que Dios ha puesto en el mundo, que había sido mandada por él como verdugo para ejecutar la sentencia. Un reflejo nervioso en la laringe del blasfemo causado por la presencia de la mosca lo había asfixiado. No habían transcurrido muchas horas cuando la blasfemia fue vengada por una criatura al parecer inofensiva. Ésta es una muestra de los juicios de Dios, el Dios de Eliseo, nuestro Dios. Confiemos en él. Temámoslo. Pongamos en sus manos fieles el cuidado de nuestras almas.
3. El Dios de Eliseo es el Dios que puede apartar los obstáculos más formidables de nuestro camino.
En el momento en que el profeta recibió el poder del Espíritu de Dios prometido, se topó no con una bienvenida de huestes angélicas, sino con la hosca negativa de la corriente del Jordán que rehusaba dejarlo pasar al otro lado, donde estaba el campo de su futuro ministerio. Estaban allí los hijos de los profetas, o sea los estudiantes, que lo miraban con actitud crítica para ver qué haría en semejante situación. Exclamando “¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías?”, golpeó las aguas del Jordán e invocó así los recursos poderosos del Omnipotente. Las aguas se separaron a uno y otro lado y él cruzó el río en seco; los estudiantes que lo miraban exclamaron asombrados: “El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo”.
Amados en el Señor: lo primero con que nos vamos a encontrar cuando uno de nosotros eche mano de alguna nueva forma de bendición o poder de Dios será algún Jordán crecido u otro obstáculo insuperable. ¿Qué vas a hacer entonces? No puedes hacer otra cosa que recordar que Dios puede hacerlo todo y acudir a su fuerza poniendo de lado tu debilidad, las dudas y las dificultades. Entonces podrás gritar: “¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel (o del Dios de Eliseo) vendrás a ser una llanura” (Zacarías 4:7).
4. El Dios de Eliseo puede enseñorearse de las fuerzas de la naturaleza.
En 2 Reyes 2:20 y en 4:42 hay dos hermosos ejemplos del poder de Dios obrando por medio de Eliseo en el mundo natural. En el primero vemos que las aguas malas y la tierra estéril son sanadas por medio de un puñado de sal. En el segundo ocurre la multiplicación de veinte pequeños panes de cebada que fueron suficientes para cien hombres, el mismo fenómeno con el que más adelante junto a la orilla del mar de Galilea el Maestro alimentó a cinco mil hombres, sin contar las mujeres ni los niños.
Todavía tenemos a un Dios que puede ayudarnos en el campo, en la cocina, que puede hacer un suelo fértil, proteger nuestras cosechas y enviar fruto, darnos el pan de cada día y multiplicar lo poco que una ama de casa tiene a disposición para que alcance para toda la familia. De modo que Dios está andando hoy junto a más de un santo humilde en su lugar de trabajo y de tribulaciones.
5. El Dios de Eliseo es un Dios de casos apurados.
En el tercer capítulo de 2 Reyes se nos cuenta de una sequía en el valle de Edom y de la liberación maravillosa que tuvo lugar mediante Eliseo. “Así ha dicho Jehová” fue la respuesta del profeta a la incredulidad de Joram y los temores de Josafat. “No veréis viento ni veréis lluvia; pero este valle será llenado de agua y beberéis vosotros, y vuestras bestias y vuestros ganados. Y entregará también a los moabitas en vuestras manos.” El Dios de Eliseo puede enviar agua cuando no hay viento ni lluvia ni señal alguna de ellos. Él puede socorrer cuando todos los recursos humanos fallan. Puede incluso ayudarnos cuando nos hallamos en un sitio en que no deberíamos estar, como era el caso de Josafat. Es muy fácil para Dios hacer las mayores señales a favor de aquellos que confían en él. Sus recursos son tan abundantes que nunca podemos agotarlos y cuando hace algo por nosotros eso no es más que un modo de estimularnos a que le pidamos que haga más.
6. El Dios de Eliseo es un Dios de gracia así como de bienes temporales.
El capítulo cuarto de 2 Reyes nos cuenta el incidente del aceite de la viuda y la maravilla que ocurrió cuando ella fue echando de la vasija de aceite para llenar otras vasijas vacías, cómo la vasija siguió manando hasta que no hubo más vasijas vacías, cómo pudo con el aceite pagar a sus acreedores y vivir ella y sus hijos con lo que quedó. El aceite, como sabemos, era el símbolo del Espíritu Santo, y la lección que aprendemos es que si tenemos al Santo Espíritu en nuestros corazones y en nuestra casa él nos proveerá de todo lo que necesitemos y nos garantizará toda bendición.
Todo lo que tenemos que hacer es usar lo que tenemos y presentarle a él las tribulaciones y necesidades como vasijas vacías, para que él las llene con su plenitud, y transforme toda dificultad en ocasión de bendición y alabanza.
7. El Dios de Eliseo es el Dios de la salud y las sanidades.
No hay mejor ejemplo de la provisión de Dios para la curación de nuestras enfermedades físicas que la historia de Naamán y su curación en las aguas del Jordán. No fue Eliseo que lo curó. Fue simplemente el poder de Dios que tocó al enfermo en el momento en que confió y obedeció, y su inmersión en el Jordán no fue nada más que un acto de fe consumado, que cumplió exactamente la palabra de Dios y mostró que hay que perseverar en una actitud de fe hasta que llegue la bendición. El mismo Dios espera todavía para curar a todos los que acuden a él con fe persistente, paciente y triunfante.
8. El Dios de Eliseo es el Dios de lo sobrenatural.
El incidente del capítulo seis de 2 Reyes es un hermoso ejemplo del principio de lo sobrenatural. Bajando al Jordán con los estudiantes o “hijos de los profetas” para construir una cabaña junto a la orilla, uno de ellos dejó caer el hacha de hierro en el agua. El profeta resolvió el problema haciendo flotar el hierro, mostrando con ello que el poder de Dios es superior a las leyes de la naturaleza. Esto es lo que la resurrección y ascensión de Jesucristo demuestran y hacen practicable para nosotros también. Todavía tenemos un Dios que puede obrar por encima de las leyes que él mismo ha promulgado cuando el interés de sus hijos lo requiere. Un Dios que es “cabeza de todas las cosas para la iglesia, que es su cuerpo, cuya plenitud llena a todos en todo” (Ef. 1:22,23).
¿Dónde está el Dios de Elías y de Eliseo? Está por allí donde su pueblo necesita manifestaciones de su presencia y de su poder. En los momentos más difíciles y en una época saturada de pecado, él es todavía lo que era en los tiempos de Jezabel y Acab. Es el Dios no sólo de unos pocos y de circunstancias trascendentales, sino que es un Dios en el cual, como en el caso de Elías, podemos confiar para que nos dé nuevas experiencias, como las del Monte Carmelo, o en la batalla, o en la cabaña de la viuda, dondequiera que se necesite, siempre que haya fe y confianza.
Eliseo fue un hombre del pueblo y su vida nos enseña que nuestro Cristo es el Cristo de la gente sencilla todavía y su promesa y su gracia son para todas las ocasiones y para todos sus hijos que sufren. Él se halla donde la fe confía en él, la oración espera en él, el Padre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, “el mismo, ayer, hoy y por los siglos” (He. 13:8). ¡Señor, ayúdame a entenderte mejor y a confiar más en ti!
Capítulo 1.
Preguntas para reflexionar y
conversar sobre este capítulo:
1. ¿Cómo es el Dios de Elías?
2. Señale tres características de Elías que se muestran en este capítulo.
a. ________________________________________
b. ________________________________________
c. ________________________________________
3. ¿De qué manera Dios suple las debilidades y necesidades de Elías?
4. ¿Cuáles son nuestras principales debilidades y necesidades hoy en Día?
5. ¿De qué modo Dios puede suplir esas debilidades y necesidades?
.
Escriba a recurso@publicaciones.net

