Déjate transformar

Enrique Ruloff

Capítulo 1 del libro "Déjate transformar"

©2001 Fundación  Alianza

¿Creemos que sólo Cristo salva?

La iglesia evangélica latinoamericana se encuentra en una encrucijada difícil de resolver, aunque no imposible. Entre muchas sectas y falsas religiones que llegaron a nuestros países, también se encuentra catalogada como secta la iglesia evangélica. Aún más, ahora luego de la declaración del Vaticano, como un documento infalible de que la Iglesia Católica Apostólica Romana es la única iglesia verdadera, la pregunta “¿somos una secta también nosotros?”, sin duda alguna tendrá como respuesta un rotundo ¡NO! Pero para que podamos responder con mayor sinceridad a la misma, quizá nos ayude el reflexionar sobre la siguiente declaración: “La falsa religión no se identifica con las religiones históricas particulares, sino con los intentos de autosalvación que se dan en toda religión, incluso en el cristianismo evangélico”.[1]

Algún lector podrá preguntarse ¿autosalvación en el cristianismo evangélico?... ¡Imposible!, ya que nosotros creemos que la salvación es por medio de la fe en Jesucristo. Teóricamente esto es así, pero, en la práctica, ¿qué ocurre?

El propósito de este libro, básicamente, es invitar al lector a reflexionar si es tan cierto que creemos en la salvación por la sola fe en Jesucristo, o si realmente hay algo en nosotros de autosalvación o de pretensión de colaborar con Dios. La propuesta a pensar es la siguiente: “Buena parte de los cristianos evangélicos, en la práctica, dependen de una autosalvación, o de salvación compartida, lo que los lleva a recurrir a ciertos ‘agregados’ que le añaden a su fe en Cristo. En mi corta experiencia he notado que este problema radica no sólo en la Argentina, sino también en otros países latinoamericanos y los Estados Unidos, y no solamente con cristianos de trasfondo latino, sino también con cristianos de trasfondo anglosajón, así como con aquellos de otros países orientales. En breve, es un mal que aqueja, en mi humilde opinión, a todo cristiano.

Por mi parte, como anticipo a algún malentendido, quiero afirmar aquí al lector lo que luego demostraré: que la salvación es pura y exclusivamente obra de Dios por medio de su Hijo Jesucristo, la cual él nos ofrece gratuitamente. Desde lo más profundo de mi corazón deseo que estas páginas puedan brindar un bálsamo, un consuelo y un alivio a miles de personas atribuladas y esclavizadas a un sistema de autosalvación por medio de “agregados” a la fe; y creo que esto ocurrirá así, ya que, en especial en el último tramo de la terminación de este material, personalmente y aun mi familia, nos hemos visto atacados de diversas maneras por el enemigo de nuestras almas.

Muchos son los “agregados” que se pretenden añadir a la sola fe en Cristo para nuestra salvación, pero en este trabajo me concentraré en un grupo más relevante o representativo. El libro está dividido en tres grandes partes, con sus respectivos capítulos. En la primera parte, presento los seis “agregados” más comunes que he de analizar: las experiencias místicas, la religiosidad, la doctrina, la moralidad, el intelecto y la relación horizontal, es decir, el compromiso del ser humano con el ser humano.

El objetivo en esta sección del libro es presentar el problema, sus orígenes, las causas y algunas de las posibles consecuencias en la vida de una persona por añadir estos “agregados” a su fe en Cristo.

Al hablar de autosalvación, no estoy queriendo decir que los evangélicos creemos en la salvación por obras exclusivamente, sino que, aunque admitimos la salvación por medio de la sola fe en Cristo, no estamos totalmente convencidos de que así es y, por ende, agregamos ciertos elementos para “colaborar” con Dios. Esto es realizado básicamente en forma inconsciente. Es decir, que hay una aprehensión parcial del evangelio de Cristo. Pareciera que no confiamos que Jesús ya pagó todo por nuestros pecados y que ya compró para nosotros un lugar en su reino. Al no confiar plenamente, como consecuencia, pretendemos hacer nuestra parte. Los seis elementos que presento aquí no son los únicos, pero luego de dialogar, investigar y observar, me parece que son los más comunes y representativos en este intento de “colaborar” con Dios. Por otro lado, al presentar a estos seis, el lector tendrá las herramientas suficientes para analizar si en su propia experiencia hay algún otro tipo de “agregado”.

En la segunda parte del libro presento, desde la óptica bíblica, la suficiencia de Cristo para salvarnos por medio de la sola fe en él. En esta sección analizo la situación del ser humano y los distintos caminos posibles para la salvación. Luego examino lo que Jesús hizo y los resultados de su obra: la justificación, la reconciliación y la regeneración. Finalmente, en esta parte presento los beneficios que el ser humano obtiene al depositar toda su fe en la obra de Cristo.

Esta segunda sección del libro es clave, se podría decir que es el corazón de mi propuesta, ya que aquí encontrará el lector las bases bíblicas para sostener que la salvación del ser humano se da únicamente cuando éste confía en Cristo, lo que produce como resultado el nuevo nacimiento, según lo presenta Jesús en Juan 3.5.

Vale decir aquí que la regeneración, o el nuevo nacimiento, o esa paz que Dios depositó en nosotros, nos permite vivir lo que planteo en la tercera división del libro. Dios nos creó, a diferencia de otros seres, con ciertas aptitudes o capacidades, intelecto, sentimientos, moralidad, etc., y como humanos y cristianos no podemos vivir divorciados de estas aptitudes, como tampoco podemos vivir separados de la religión, ni de la doctrina ni de nuestra responsabilidad con nuestro prójimo.

Por lo tanto, viviendo en una genuina regeneración, el Espíritu Santo ubica en su lugar correcto todo aquello que al principio planteo como posibles “agregados” a la salvación. Soy consciente de que en un mundo posmoderno y en medio de una proliferación de literatura de poco contenido sólido en el ambiente cristiano, no son muchos los que querrán leer un libro que no apunte a 10, 12 o 15 pasos prácticos para ser feliz o para prosperar económicamente. Pero sí estoy convencido de que una buena comprensión de nuestra fe en Cristo y de lo que él hizo por nosotros en la cruz es la base de una vida feliz y próspera.

Finalmente, en forma de apéndices, presento un breve estudio acerca de las obras como muestra de nuestra fe y unos pasos prácticos para conocer personalmente a Jesús y crecer en esa fe. Concluyo diciendo que Jesucristo es quien nos redime y la fe que recibimos de él nos permite ubicar cada uno de los “agregados”, presentados en la primera parte del libro, en su lugar correcto. Esa misma fe que recibimos de Jesucristo para nuestra salvación es la que produce en nosotros las obras genuinas como demostración de la auténtica fe que hemos recibido de Dios.

El lector podrá plantearse muchas preguntas, y, sin duda alguna, muchas no serán contestadas en este libro. De hecho, al final de cada capítulo planteo algunos interrogantes para la reflexión y el autoanálisis. Pero más allá de que este libro sirva para una simple reflexión, mi intención es que usted, amigo lector, pueda aceptar el desafío expuesto, que pueda realizar un autoanálisis y comprobar si no hay algún “agregado” que ha adoptado para su salvación. Mi deseo y oración es que muchas personas puedan ser bendecidas por Dios por medio de este humilde aporte, que muchos puedan hallar descanso para sus vidas, y que el gozo de la salvación sea renovado en cada corazón, porque, como bien dice el autor de la carta a los Hebreos, aún queda un reposo para el pueblo de Dios. Y el que ha entrado en el reposo de Dios, también reposará de sus obras meritorias, como Dios reposó de las suyas en el séptimo día de la creación (Heb. 4.9-10). De modo que lo invito a leer este libro y a entrar en ese reposo. Ruego a Dios que, al hacerlo, el Espíritu Santo pueda hablar en la intimidad de su corazón y pueda experimentar esa libertad de la cual Jesús tanto habló y enseñó.


[1] Comentario escuchado en un aula del Instituto Bíblico Buenos Aires (Buenos Aires, Argentina).

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