Jesús entra en acción

Alberto Roldán

Capítulo 1 - Evangelio de Marcos

por Alberto Roldán

Capítulo 1 del libro "Jesús en acción"

©2000 Fundación  Alianza

 

1.1. Principio del evangelio (1.1)

“Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”. Marcos es el único evangelista que titula su obra como “evangelio”, que significa “buena nueva”. Originalmente, era un término que se refería a una buena noticia de victoria que un ejército lograba sobre su adversario. Tanto Marcos como san Pablo identifican a Jesucristo con el evangelio (ver 8.35 y 10.29). Mally  sostiene que “al llamar ‘el evangelio’ a su libro, Marcos entiende que éste no es primariamente un relato acerca de Jesús, sino la proclamación de Cristo resucitado en la que éste se hace de nuevo presente. Lo que sigue es la buena nueva que representa a Jesús, Mesías, Hijo de Dios, en ciertos acontecimientos tomados de la tradición y referentes al ministerio terreno hasta llegar a su resurrección”.[1]

¿Cómo interpretamos este comienzo del evangelio? Creo que la idea es una especie de presentación del libro. Es como si Marcos dijera “así empezó el evangelio de Jesucristo”. Me parece que la Nueva Biblia Española vierte adecuadamente la idea: “Orígenes de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios”. O, mejor aún: “Comienza la buena noticia de Jesucristo, Hijo de Dios” (BP). Pronzato  comenta con creatividad:

 

Podemos traducir libremente: todo ha comenzado así. Ha tenido su principio con la proclamación de Juan el Bautista, con la predicación de Cristo y más tarde de los apóstoles, y continúa todavía hoy con el anuncio gozoso dado por la iglesia. En realidad, el aparente fracaso estilístico de Marcos esconde perspectivas sorprendentes. También el primer libro de la Biblia se abre con la misma expresión: “En el principio” (Gén. 1.1). También así el evangelio de Juan. Por decirlo de alguna manera, Dios es “desenganchado” de la fijeza de las ideas inmutables y aparece “en acción”. Su palabra crea el mundo y llama a las cosas a la existencia. O también es una palabra que se hace carne y pone su morada entre nosotros. Marcos nos lleva a un nuevo “principio” (arjé). Es la recreación. Más que una doctrina, la de Jesucristo es una alegre noticia. Una historia que afecta a la fe, que se refiere a la salvación de los hombres. Jesucristo es, al mismo tiempo, el sujeto y el objeto de la predicación (también de aquella que se despliega a través de los apóstoles). Él es quien trae la alegre noticia y él es, al mismo tiempo, el contenido de este anuncio. La “alegre noticia” es Jesús mismo.[2]

 

En cuanto a la expresión “evangelio de Jesús” se puede interpretar de varias maneras. Puede significar “buena noticia de Jesús mismo”, es decir, el mensaje que Jesús mismo predicó, o bien puede significar “buena noticia acerca de Jesús”. Estimo que Marcos quiere subrayar que Jesucristo es el tema central del evangelio. En otras palabras, Jesucristo es la buena nueva en sí mismo, en su persona.

Marcos ofrece dos títulos para presentar a Jesús: Cristo e Hijo de Dios. “Cristo” es la traducción griega del hebreo mashiaj, que viene del verbo ungir. Como Ungido, Jesús encarna por lo menos tres oficios que son fundamentales en el Antiguo Testamento: profeta, sacerdote y rey. Jesús es el profeta del que habló Moisés (cf. Hch. 3.22ss.). Como profeta, nos trae la palabra y el mensaje de Dios a nosotros como el Israel de Dios. Como sacerdote, es quien ofrece el sacrificio perfecto (carta a los Hebreos) y como rey es el soberano de los reyes de la tierra (Ap. 1.8). Marcos también afirma que Jesús es el Hijo de Dios. Sobre los dos títulos, comenta Pronzato :

 

Aquí Marcos anticipa dos palabras que forman la síntesis de las dos grandes secciones de su evangelio. La primera, en efecto, se cierra con la profesión de fe de Pedro: “Tú eres el Cristo” (8.29). La segunda encuentra su final en la profesión de fe del centurión: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (15.39).[3]

 

1.2. Juan el Bautista: Precursor del Mesías (1.2-8)

El ministerio de Juan el Bautista es presentado como el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. Si comparamos los versículos 2-3 encontraremos un paralelismo con los versículos 4-8. Algunos textos del Antiguo Testamento indican la venida de Jehová. De acuerdo con Malaquías 3.1, antes de la venida de Jehová iba a ser enviado un precursor, un mensajero. Según la interpretación de los rabinos, el ángel que sería enviado —ángel significa “mensajero”— sería el profeta Elías. No es de extrañar, entonces, que Juan el Bautista encarnara en su personalidad y en sus costumbres al Elías histórico, una especie de “Elías redivivo”. Antes de analizar esas características, encaremos un problema que surge del encabezamiento que Marcos hace de las citas del Antiguo Testamento.

En el versículo 2 dice: “Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti. Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas” (vv. 2, 3). Aquí se están uniendo tres pasajes del Antiguo Testamento: Éxodo 23.20, Malaquías 3.1 e Isaías 40.3. Concretamente, mientras Marcos encabeza las citas atribuyéndolas a Isaías, si analizamos con cuidado, nos damos cuenta de que las cosas no son así. ¿Cómo solucionar esta discrepancia? Algunos, dudan de la autenticidad de la primera cita, que consideran una especie de agregado posterior a lo que escribiera Marcos originalmente. Otros entienden que toda la cita de Isaías es una inserción hecha por un copista.

En Marcos, muy pocas veces se usa el título Kyrios (Señor, Soberano, Dueño) para referirse a Jesús, cosa que sí será habitual en las epístolas. Aquí la cita viene de la LXX y se refiere, originalmente, a Dios. El título es aplicado seguramente a Jesús, cuyo camino es preparado por Juan el Bautista. Otros textos en donde aparece Kyrios son 7.28 y 11.3. En el libro Señor Total, que analiza el tema del señorío de Jesucristo sobre todas las esferas de la realidad (salvación, familia, sexualidad, trabajo, etc.) he indicado a propósito de este uso de Kyrios en el ministerio de Jesús:

 

Si revisamos los evangelios, notaremos que el uso del título “Señor” es más bien una referencia al respeto que se le tiene que dar a Jesús (véanse Mr. 7.28; Mt. 8.2, 6, 8). Lucas llama varias veces a Jesús “Señor” en pasajes narrativos de su evangelio, dando la idea de que sólo con la resurrección de Jesús ese título será plenamente comprendido por la Iglesia (ver Lc. 7.13; 10.17). El pleno significado del señorío de Jesucristo se conoce a partir de su resurrección y entronización. Esta verdad se ve con claridad en el poderoso mensaje de Pedro en Pentecostés (ver especialmente Hch. 2.22-36; 4.33 y 7.59-60).[4]

 

Los versículos 4-8 describen brevemente el ministerio de Juan, que consistía en bautizar y predicar. El bautismo era “de arrepentimiento”. Era una forma de reflejar el cambio de mentalidad (griego metanoia, que significa precisamente “cambio de mente”, conversión, arrepentimiento). Mediante el bautismo, los judíos debían expresar visiblemente el arrepentimiento de sus pecados. Pero como bien señala el jesuita José Alonso Díaz : “La remisión de los pecados era real en virtud de la metanoia, no en virtud del rito de la inmersión. El rito externo era una expresión simbólica del acto del arrepentimiento y de sus efectos de purificación espiritual”.[5]

La descripción tanto de la vestimenta como de la comida de Juan tiene sus antecedentes en los profetas (ver Zac. 13.4) y se relaciona también con la personalidad de Elías (ver 2 R. 1.8 y Mr. 9.13).

La predicación de Juan, tal como la registra Marcos, pone de relieve la humildad de este profeta. Considera que el que viene detrás de él es mayor que él, y la diferencia en favor de Jesús es de tal magnitud, que Juan se considera indigno de desatar, aun encorvado, la correa de su calzado. Pero la superioridad de Jesús sobre Juan no sólo radicaba en que Jesús era primero, aunque viene cronológicamente después de Juan. El propio Juan dice: “Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo” (v. 8). Juan establece un contraste entre los medios o ámbitos en que las personas eran bautizadas. Mientras los que venían a él eran bautizados en agua, los que vinieran a Jesús, en el futuro, serían bautizados en el Espíritu Santo. Ésta es la referencia del Evangelio de Marcos al bautismo del Espíritu. En el pasaje paralelo de Mateo (3.11) como en el registro de Lucas (3.16), aparece el agregado del “fuego”, que algunos relacionan con el Espíritu Santo mismo y otros piensan que se refiere al juicio escatológico. Me inclino a pensar en esto último. El bautismo del Espíritu sólo es explicado en su sentido teológico en 1 Corintios 12.13, donde significa ser incorporado a la Iglesia, lo cual implicaría que todo cristiano verdadero ha sido bautizado en el Espíritu Santo. Algunos teólogos se refieren al bautismo del Espíritu como una experiencia que sólo consiguen algunos creyentes y cuya señal se da en el hablar en lenguas. Esto no significa, desde nuestro modo de ver, una negación de experiencias con el Espíritu Santo en términos de llenuras especiales y plenitudes. Tampoco significa negar la vigencia del don de lenguas que, como tal, algunos cristianos poseen. Simplemente, se trata de distinguir entre interpretaciones del bautismo del Espíritu Santo.

 

PARA PENSAR Y CONVERSAR:

1.      ¿De qué formas Juan el Bautista preparó el camino para llegada del Mesías?

2.      Las vestimentas y las costumbres de Juan lo hacían un personaje extraño al medio. ¿Qué tiene de positivo o de negativo ser diferente al medio en que desarrollamos nuestro ministerio?

3.      ¿En qué formas se manifiesta la verdadera humildad frente a la gloria y magnificencia de Jesucristo?

 

1.3. Bautismo y tentación de Jesús (1.9-13)

En un espacio increíblemente breve, Marcos resume dos acciones de Jesús que resultan fundamentales en el comienzo de su ministerio: bautismo y tentación. La expresión “por aquellos días” es algo vaga e imprecisa, pero se refiere en todo caso a los días del ministerio de Juan. Dice Marcos: “Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret a Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (vv. 9-11). Tenemos aquí varios elementos: agua, Espíritu, voz. Por supuesto, el Espíritu no es un “elemento”, pero no podemos dejar de tener en cuenta que pneuma significa tanto “espíritu” como “viento”. Jesús es bautizado en las aguas del Jordán. El bautizador es Juan, pero hay que notar que apenas surge del agua, ocurren tres fenómenos: el cielo se abre, el Espíritu baja sobre Jesús y la voz del Padre da testimonio de él. A mí me parece que hay que relacionar aquí el bautismo de agua con el bautismo del Espíritu que, en Jesús, se dan simultáneamente.

La pregunta clave, sin embargo, es ¿por qué se bautizó Jesús? Este bautismo de Juan era “para perdón de pecados”. Partimos de la premisa de que Jesús no tenía pecados que confesar, tal como lo atestigua el Nuevo Testamento varias veces (por ej., Jn. 8.46). Evidentemente, la única explicación viable es que Jesús en el bautismo se está identificando con los pecadores, un anticipo de lo que hará en la cruz, al cargar con el pecado de todos nosotros. “En fila con los pecadores. Solidario con su pueblo, puesto en el camino de la conversión. Jesús se presenta no ‘separado’ de los otros, sino en la hilera de los pecadores.”[6] Si comparamos el breve relato de Marcos con el de Mateo, notaremos que en este último se refleja la hesitación de Juan cuando Jesús viene a él (Mt. 3.14ss.). Es que Juan no podía comprender cómo el Mesías, el Hijo de Dios, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo venía a bautizarse (ver Jn. 1.29-34). Además, se suponía que el bautizador era de mayor dignidad que la persona a bautizarse. Pero Jesús respondió que era necesario cumplir con toda justicia, es decir, con lo que es correcto. Y así, voluntariamente y en expresión visible de humildad, se somete a ser bautizado por Juan.

Los cielos se abrieron cuando Jesús subió del agua. Comentando el hecho, dice Pronzato :

 

Los “cielos cerrados” indican el muro de separación entre Dios y el hombre, consecuencia del pecado. Son el signo de la ira de Dios con relación a la Humanidad pecadora. Ha sido interceptada la ligazón entre el cielo y la tierra. “Los hombres no viven y no se mueven ya en Dios, y esta lejanía de Dios determina su profunda miseria” (G. Dehn). Cobra, pues, toda su fuerza dramática la invocación de Isaías (63.19): “¡Ah! si rompieses los cielos y descendieses...”. Esta oración fue escuchada: “...veréis el cielo abierto” (Jn. 1.51). Se ha terminado el tiempo de la enemistad, se ha levantado el diafragma de separación.[7]

 

Se ha especulado bastante sobre la forma en que aparece el Espíritu: la paloma. A veces, en la Biblia, ha significado Israel, la esposa de Jehová. Pero algunos han visto en la forma de paloma, una referencia implícita al Génesis. En efecto, mientras el caos primitivo llegó a ser cosmos por el Espíritu que “empollaba” para fecundarlo (Gén. 1.2), aquí estamos en presencia de una nueva creación que también vendrá por el poder del Espíritu. Con el bautismo de Jesús “comienza una historia, la historia del mundo nuevo”.[8]

La voz del Padre da testimonio de su condición de Hijo amado. “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (v. 11). O, como traduce la Nueva Biblia Española: “Tú eres mi Hijo, a quien yo quiero, mi predilecto”. Jesús es el Hijo de Dios, como tal, el Amado del Padre desde toda eternidad. Aquel que es el centro del interés y del amor del Padre, en quien se concentra todo su amor. Hubo otro momento clave en el ministerio de Jesús en el cual el Padre también dio testimonio: la transfiguración (Mr. 9.7). Es oportuno señalar que la presencia y acción simultánea del Padre, Hijo y Espíritu Santo, constituye una referencia implícita de lo que la teología cristiana denomina “la Trinidad” o “Triunidad”, términos teológicos que, aunque no están en la Biblia, indican al nuevo nombre de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo (véase Mt. 28.19-20).[9]

Marcos señala que “Y luego el Espíritu lo impulsó al desierto” (v. 12). El verbo “impulsar” significa “empujar”, ejercer una fuerza para hacer algo. Es la primera indicación del evangelio al actuar del Espíritu en el ministerio de Jesús. Los cuarenta años en el desierto evocan los cuarenta años de Israel también en el desierto. En los evangelios, a veces se insinúa que Jesús es Israel, en el sentido de encarnar o representar al pueblo de Dios a manera de “personalidad corporativa” (ver Mt. 2.14-15). Mientras Israel, al ser tentado y probado en el desierto, fracasó, Jesús, como “nuevo Israel”, va a salir airoso de las tentaciones. Surgen preguntas.

 

PARA PENSAR Y CONVERSAR:

1.      ¿Qué pone de manifiesto, en cuanto al Espíritu, el hecho de que “empuje” a Jesús a hacer algo? ¿Qué implica eso en nuestra experiencia cristiana? ¿A qué te ha empujado el Espíritu en tu vida y tu ministerio?

2.      ¿Es contradictorio que el Espíritu, que es santo, empuje a Jesús al desierto en donde habrá de ser tentado? ¿Por qué?

3.      ¿Cómo Jesús, siendo santo, pudo ser tentado?

4.      ¿Fueron sus “tentaciones” meras parodias o tentaciones reales?

5.      ¿Cómo nos ayuda a entender esas tentaciones lo que dice Hebreos 2.18 y 4.15?

6.      Si la tentación no es pecado, ¿cuándo se transforma en pecado?

7.      ¿Para qué sirven las tentaciones?

8.      ¿A mayor grado de santidad, hay menos riesgo de tentaciones? ¿Por qué?

 

1.4. Comienzo del ministerio en Galilea (1.14-15)

El resumen de Marcos sobre el comienzo del ministerio de Jesús en Galilea establece que fue “después que Juan fue encarcelado” (v. 14). En los relatos de Mateo (4.12-25) y de Lucas (4.14ss.) la narración de este comienzo del ministerio de Jesús aparece ampliada con la lectura de Isaías 61 en la sinagoga de Nazaret y el debate que se suscita luego. Marcos recién consigna esas cuestiones en el capítulo 6.

Marcos dice que el mensaje de Jesús consistía en anunciar la llega del reino. Jesús predicaba “el evangelio del reino” que, por supuesto, no es otro que el mismo evangelio que luego predicarán los discípulos y hoy predicamos nosotros. El mensaje de Jesús era breve, pero significativo: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (v. 15). Jesús habla del reino de Dios. Hay que interpretar este término de una manera dinámica que, acaso, debiera ser traducido por “reinado”. Se trata del gobierno de Dios, de su autoridad. Sobre el reinar de Dios ya el Antiguo Testamento se refiere varias veces, por ejemplo, en varios salmos (ver Sal. 93.1, 2; 95.1-5; 97.1-5) y también en Daniel 2.44. Pero la nueva realidad que Jesús introduce es que ese reino de Dios se hace presente ahora en el escenario de los hombres. Dios viene a traer su reino entre los hombres. Por eso los discípulos de Jesús deben orar “venga tu reino” (Mt. 6.10) y es lo que deben buscar con mayor ahínco (Mt. 6.33). Aunque el reino es, por naturaleza, algo escatológico, ya comienza a actuar en Jesús de Nazaret, en lo que Orígenes de Alejandría, creativamente definiera como la autobasileía (autos = propio, basileía = reino), es decir, Jesús encarna en su persona el reinado de Dios.

Ciertas palabras griegas utilizadas por Marcos son importantes: por “tiempo” utiliza el griego kairós que significa “tiempo oportuno” o “favorable”, tiempo con significado dado por Dios. No se trata de un mero tiempo cronológico. En el tiempo de los hombres irrumpe el tiempo de la salvación, la oportunidad del obrar de Dios para salvar al hombre.

 

Kairós quiere decir tiempo determinado, circunstancia favorable, pero también “medida justa”. Dice Nolli: “Marcos usa esta metáfora para indicar que, estando llena la medida, ya no hay nada que añadir al tiempo transcurrido antes del evento esperado”.[10]

 

En cuanto al cumplimiento de ese tiempo, Marcos escribe el griego peplérotai, que viene de plero que significa “llenar”.

 

Mientras Juan en su profecía anuncia un futuro, Jesús anuncia ya lo que ha sucedido: Se ha cumplido, se ha acercado. El tiempo perfecto para anunciar el acercamiento de una consumación escatológica futura. El reino se ha movido de una vaga distancia a una posición cercana. Ése parece ser el significado propio del perfecto.[11]

 

Hay dos verbos en modo imperativo que constituyen las exigencias a las que nos conduce el mensaje de Jesús: “arrepentíos y creed”. Arrepentimiento es, como hemos explicado antes, cambio de mente, cambio de conducta. Creer es confiar, es entrega, es obediencia. Y Jesús dice que tenemos que creer en el evangelio, en el mensaje de salvación. “Creer en el evangelio, es creer en el mensaje de Cristo: palabras y acciones.”[12]

 

PARA PENSAR Y CONVERSAR:

1.      Jesús comenzó a predicar cuando llegó el “tiempo oportuno” (kairós). ¿Está nuestro mundo hispanoamericano en el kairós de Dios?

2.      ¿Cómo podemos discernir el kairós de Dios?

3.      ¿Cómo podemos hacer uso adecuado del kairós en el que Dios nos permite vivir?

 

1.5. Jesús llama a los primeros discípulos (1.16-20)

El escenario en que ocurre este llamamiento es el mar de Galilea. Galilea era la parte norte de Palestina, separada tanto geográfica como políticamente de Judea, a partir de la muerte de Herodes el Grande (4 a.C.). Era poblada por muchos paganos.

 

Los sinópticos ambientan en Galilea la mayor parte del ministerio de Jesús. Aquí son reclutados los primeros discípulos, y es significativo que sólo Judas, entre los doce apóstoles, probablemente no era galileo. También las mujeres que lo acompañaban son galileas. Marcos, sin duda, tiene predilección por Galilea. En su evangelio aflora una oposición bastante marcada entre Galilea y Jerusalén. La primera parte de su evangelio (del 1.14 al cap. 9) está ambientada en Galilea. Después, en el capítulo 10, Jesús “sube a Jerusalén”, y será ya para morir.[13]

 

Galilea representaba un lugar secundario, bajo, no precisamente un lugar para la high society. Por eso es que Natanael, cuando le hablaron de Jesús de Nazaret, inmediatamente exclamó: “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” (Jn. 1.46).

Nos llama la atención tanto el dinamismo con que Marcos describe estos hechos como el dinamismo del propio Jesús, “un Jesús en movimiento”. También es significativo a quiénes y cómo los llama el Señor. Comenta Carlos Mesters :

 

Ellos son pescadores. Están trabajando. Es su profesión. Jesús pasa y llama. Ellos abandonan todo y siguen a Jesús. Parece que no les cuesta nada. Abandonan la familia, los barcos y las redes (1.16-20). Leví abandonó la oficina de impuestos, fuente de su riqueza (2.13-14). Seguir a Jesús supone ruptura. Y comenzar a formar un grupo, una comunidad itinerante. Es la comunidad de Jesús (3.13-14.34). Los discípulos acompañan a Jesús por todas partes. Entran con él en la sinagoga (1.21) y en las casas de los pescadores (2.15). Pasean con él por los campos arrancando espigas (2.23). Andan con él en el mar en donde la gente los busca (3.7). Quedan a solas con Jesús y pueden interrogarlo (4.10, 34). Van a su casa, conviven con él y van hasta Nazaret, su tierra (6.1). Atraviesan juntos el mar y van hacia el otro lado (5.1).[14]

 

Hay algunos elementos importantes en la narración de este llamado a los primeros discípulos. Lo primero es que Jesús vio a Simón y a Andrés su hermano. Este “ver” de Jesús, me parece que va más allá de una referencia a la visión ocular. Implica también una visión espiritual. Jesús ve con su mirada el potencial que hay en estos hombres. Por eso les dice que vengan en pos de él, para que sean pescadores de hombres. Jesús nos llama en lo cotidiano, en nuestras tareas de todos los días. Él nos quiere transformar en pescadores de hombres. Y su llamado fue tan fuerte, tan lleno de autoridad, que los discípulos dejaron inmediatamente sus redes para seguir a Jesús.

Luego sucedió algo parecido con los hermanos Juan y Jacobo, hijos de Zebedeo. Éstos estaban remendando las redes en la barca, Jesús los llamó y ellos dejaron a su padre con los jornaleros, para seguir a Jesús. Debemos mentalizarnos, meternos dentro del relato y apreciar el riesgo que significaba seguir a alguien casi desconocido para ellos. Era la autoridad de Jesús y cierto atractivo en él, lo que los conmovió para seguir al Maestro.

 

PARA PENSAR Y CONVERSAR:

1.      ¿Cuál es nuestra “Galilea”? ¿Qué barrios y lugares representan hoy la Galilea de nuestro ministerio?

2.      ¿Cómo nos llamó Jesús? ¿Qué circunstancias vivíamos entonces? ¿Por qué decidimos seguirlo? ¿Nos costó? ¿Cuánto? ¿Qué debimos dejar?

3.      ¿Qué es lo que más nos sorprende del llamamiento de Jesús a nosotros?

 

 

 

1.6. La larga jornada de Capernaúm (1.21-45)

Marcos narra a continuación una serie de acciones que corresponden al ministerio de Jesús en Galilea. El nombre Capernaúm está compuesto por Kephar y Nahoum, o sea, “aldea de Nahum” o “aldea del consuelo”. Está en la orilla noroccidental del mar de Galilea. En toda la sección se destacan los verbos de acción: “entraron” (v. 21), “se admiraban” (v. 22), “dio voces” (v. 23), “reprendió” (v. 25), “discutían” (v. 27), “vinieron” (v. 29), “se agolpó” (v. 33). El énfasis está en los milagros que Jesús hace y en su predicación del evangelio.

 

1.6.1. Una sinagoga convulsionada (1.21-28)

El escenario es una sinagoga. La sinagoga como lugar de reunión religiosa de los judíos surgió durante el período intertestamentario. La palabra griega synagogué significa “reunión juntos”. Fue la alternativa para los judíos cuando el templo de Jerusalén fue destruido. También llegó a ser una especie de puente para el surgimiento de las iglesias locales en el Nuevo Testamento. La liturgia de la sinagoga comenzaba con la oración, después seguía la lectura de la Palabra y su explicación de la ley.

La gente se admiraba de la doctrina (enseñanza) de Jesús. La razón no radicaba en la sabiduría del Señor, sino en su autoridad. Los escribas generalmente apelaban a la tradición de los rabinos y ancianos de Israel para elaborar sus enseñanzas. Pero Jesús hablaba por autoridad propia, la que se pone de manifiesto, precisamente, en el Sermón del Monte y en el resumen que apunta Mateo (ver Mt. 7.28, 29).

Marcos escribe las palabras comentadas como una especie de proemio para narrar luego el milagro de expulsión del demonio. Dice que había en la sinagoga un hombre “con espíritu inmundo, que dio voces” (v. 23).

El hombre dio voces. Pero al hacerlo cae en incoherencias y en alteraciones verbales. En efecto, en forma inexplicable para los asistentes, dice: “¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos?”. Notemos la exclamación del hombre, una especie de quejido, que surge de su angustia interior y de su opresión. El “nosotros” pone de manifiesto que son los demonios o espíritus inmundos que hablan en él (cf. Mr. 5). Los demonios, frente al Santo de Dios, se sienten próximos a la destrucción. Pero el Señor reprende fuertemente al demonio para que se calle y salga del hombre. El evangelista describe: “Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él” (v. 26).

Pero lo que siempre me llamó la atención es la reacción de la gente. “Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?” (v. 27). La reacción de los asistentes al milagro es reflejada por el evangelista con el término “se asombraron”, es decir, “quedaron pasmados” (BJ) o “estupefactos” (NBE). Y el comentario que hicieron da la sensación de que no articulaban bien las expresiones que son entre admiración y pregunta. “¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda a los espíritus inmundos y le obedecen” (BJ). “Quedaron todos estupefactos, tanto que se preguntaban: ¿Qué será esto? ¿Qué nueva doctrina? Y ¡qué poder! Si aun a los espíritus inmundos da órdenes y ¡le obedecen!” (Biblia Regina). La versión Bover-Cantera traduce mediante puntos suspensivos, dando expresión vívida a las palabras de quienes, atónitos, no encuentran respuestas claras ante el fenómeno. Comenta Pronzato :

 

“¿Qué es esto?”... (v. 27). La interrogación demuestra cómo Jesús se convierte en problema. La predicación obtiene su efecto cuando los hombres, sobrecogidos, se ven obligados a hacerse preguntas... Es inútil disimularlo. Marcos crea situaciones embarazosas. El primer milagro que cuenta es la liberación de un endemoniado. De muy distinto cariz, por ejemplo, es el primer signo narrado por Juan: el milagro realizado durante un banquete de bodas (Jn. 2.1-11). Esta colocación de Marcos no es ciertamente casual. Dentro de poco tendremos la narración del endemoniado de Gerasa, descrita con una abundancia de matices que sólo puede atribuirse a una intención precisa.[15]

 

PARA PENSAR Y CONVERSAR:

  1. ¿Se asombra la gente de nuestra enseñanza sobre el Evangelio?
  2. ¿En qué consiste la autoridad espiritual que debemos reflejar en nuestro ministerio?
  1. ¿En qué situaciones de la vida hemos quedado estupefactos?
  2. ¿Qué aprendimos de esas situaciones?

 

1.6.2. Curación de la suegra de Pedro (1.29-31)

En una muy breve narración, Marcos presenta el caso de la sanidad de la suegra de Pedro. “Al salir de la sinagoga se fueron derechos a casa de Simón y Andrés. Llevando a Santiago y a Juan” (v. 29, NBE). Parece que Jesús va con resolución a la casa de Pedro, sabiendo que allí tendría nuevamente que desplegar su poder sanador. El comentario de Barclay  es atinado en cuanto a lo público y lo privado del accionar de Jesús:

 

Él no necesitaba público para hacer uso de su poder. Estaba listo para curar tanto en el pequeño círculo de una modesta casa de pescadores como en la sinagoga llena de gente. Nunca estaba demasiado cansado para ayudar. La necesidad de los demás era más importante que su propio deseo de descanso.[16]

La enfermedad de esta mujer era la fiebre. Jesús la tomó de la mano y la levantó. Resulta interesante un comentario sobre el verbo usado por Marcos para “levantar”. Dice Mally :

 

Marcos emplea el verbo egeirō, que se aplica frecuentemente a la resurrección de Jesús (Mc. 14.28; 16.6; 1 Co. 15.4, Hch. 3.15; 13.37). Es posible que la iglesia primitiva viera en este milagro una prefiguración de la resurrección escatológica de la Humanidad a través de la muerte y de la resurrección escatológica de Cristo.[17]

 

El hecho de que la mujer servía inmediatamente a los presentes es prueba de dos cosas: la autenticidad de su curación y la actitud de servicio que debe caracterizar a todo discípulo de Jesús.

 

PARA PENSAR Y CONVERSAR:

1.      ¿Cuáles habrían sido las motivaciones por las cuales esta mujer servía a Jesús?

2.      ¿Qué relación hay entre una curación experimentada por el poder de Dios y el servicio a él?

3.      ¿De qué otras maneras podemos demostrar nuestra gratitud por las bendiciones de Dios?

 

1.6.3. Muchos son sanados al caer el sol (1.32-39)

Ya llegada la noche, la misión de Jesús no cesaba, porque le trajeron muchos enfermos y endemoniados para que los sanara. Marcos, acaso mediante una hipérbole, dice que “toda la ciudad se agolpó a la puerta”, para destacar el impacto que el ministerio de Jesús producía. El tema de por qué Jesús prohibía que los demonios hablaran hay que interpretarlo a la luz del hecho de que los demonios pertenecen a Satanás, el engañador, por lo tanto, Jesús no quería que la gente diera crédito a los demonios, aunque estos dijeran que Jesús era el Hijo de Dios.

 

PARA PENSAR Y CONVERSAR:

1.      ¿Qué virtudes del carácter de Jesús se ponen de manifiesto en su ministerio de sanidad y liberación?

2.      ¿De acuerdo con este pasaje del evangelio de Marcos, es lo mismo “enfermos” que “endemoniados”?

3.      ¿Qué síntomas presenta una persona endemoniada? ¿Qué pautas de comportamiento pone en evidencia? Cf. Marcos 5.

 

1.6.4. La vida de oración de Jesús (1.35-39)

Estos versículos ponen en evidencia la vida de oración del Señor. Levantándose muy de madrugada salió para ir a un lugar descampado. Era el secreto del poder de la vida de Jesús y de la eficacia de su ministerio. Comenta Pronzato :

 

Después de una jornada de intenso trabajo en favor de los demás, es necesario caer en la cuenta de que, sin oración, privamos a esta gente de un “servicio” que les es debido. Quien no es capaz de desligarse de la multitud, se compromete menos solidariamente que el solitario. La comunión se afirma también “saliendo fuera”, faltando a las citas de una popularidad fácil, a los ritos de la banalidad, a las reglas del conformismo. También un “no” puede ser un servicio a la comunidad. Existe un único modo para no defraudar las esperanzas: hacerse encontrar en otra parte.[18]

 

Pero los discípulos, encabezados por Simón, fueron a buscarlo y, al encontrarlo le dijeron: “Todo el mundo te busca” (NBE). Sólo el discípulo que ora es aquel que es buscando por la gente. Las personas, con sus problemas y dificultades, son aquellas que buscan respuesta y salida a través del consejo y la palabra oportuna de los que oran. Orar no es perder el tiempo, es invertirlo en la presencia de Dios para adorarlo, alabarlo y recibir de él la instrucción e indicación precisa para seguir en la vida de servicio.

La respuesta de Jesús indica su resolución de dar cumplimiento a su misión también en los pueblitos cercanos. Se dedicó, entonces, a predicar y a expulsar demonios. El Siervo perfecto, Jesús de Nazaret, unía la palabra a la acción. Jesús predicaba, pero también actuaba en el mundo espiritual, expulsando los demonios a quienes estaban atormentados por ellos. Y otro dato importante es que Jesús no tenía problemas de cartel o de caché, porque él no predicaba sólo en lugares importantes, también lo hacía en pequeños pueblos, “pueblos de gesto antiguo / con gente que da la mano y saluda al sol”, como dice una poesía popular argentina.

 

PARA PENSAR Y CONVERSAR:

1.      ¿Por qué será necesario a veces ir a un lugar solitario para orar?

2.      ¿Qué beneficios espirituales nos provee la oración?

3.      ¿Qué relación hay entre una vida de oración y el ministerio?

 

1.6.5. Sanación de un leproso (1.40-45)

Un leproso viene a Jesús. Su actitud revela una fe genuina en el poder del Señor: “le suplicó de rodillas: ‘Si quieres, puedes limpiarme’” (v. 40, NBE). En este caso, a diferencia de lo registrado en el capítulo 9, el enfermo no tiene dudas del poder de Jesús. La única duda, en todo caso, es acerca del deseo de Jesús. En el versículo 41 tenemos un problema de variantes textuales. Algunos manuscritos griegos dicen “movido a ira”. Si seguimos el criterio de crítica textual, tendríamos que reconocer esta variante como la más probable de ser original.[19] Un comentario de San Efrén, de Siria, dice:

La manera de pedir delata a uno que duda. Que puedes, dice, lo sé; si quieres, no lo sé. El Señor le muestra dos cosas por estas dos actitudes: reprensión, al irritarse con él, y misericordia, al sanarle. Porque dijo: Si quieres se irritó; porque añadió: puedes, le sanó.[20]

 

En cuanto a la lepra, Barclay  comenta que existían tres clases: la lepra nodular o tubercular. Explica este autor:

 

Ésta comienza con un letargo y con dolores en las coyunturas que no pueden atribuirse a causa alguna conocida. Después aparecen en el cuerpo, especialmente en la espalda, manchas descoloridas dispuestas de manera simétrica. Sobre estas manchas se forman pequeños nódulos que primero son rosados y luego se vuelven oscuros. La piel se engrosa. Los nódulos, en esta etapa, comienzan a amontonarse, especialmente en los pliegues de las mejillas, la nariz, los labios y la frente. El aspecto humano del paciente va desapareciendo poco a poco, hasta que ¾como decían los antiguos¾ parece más un león o un sátiro que una persona. Los nódulos se agrandan, se ulceran y segregan una sustancia de mal olor. La voz se vuelve ronca y la respiración se hace dificultosa, por la ulceración de las cuerdas vocales. Desaparecen los párpados, los ojos adquiere un aspecto peculiar al desaparecer el parpadeo. Siempre se ulceran las manos y los pies. Poco a poco el enfermo se convierte en una masa de carne ulcerada. El curso promedio de la enfermedad es de nueve años y concluye con la pérdida de la razón, el coma y, finalmente, la muerte. El enfermo se convierte en un ser repulsivo, tanto para los demás como para sí mismo.[21]

 

Otro tipo de lepra era la anestésica. Barclay  explica que, en las primeras etapas, este tipo de lepra se desarrolla igual que la nodular, pero en esta clase resultan afectadas las extremidades nerviosas. El área infectada pierde totalmente la sensibilidad. Este tipo de lepra puede durar entre veinte y treinta años. El tercer tipo de lepra era una especie de combinación de las dos anteriores.

En tiempos bíblicos, la lepra era una enfermedad muy común y generalizada, para la cual no había medicina efectiva como la que existe hoy. Por eso es que capítulos de la Biblia (especialmente Levítico 13 y 14) prescriben cómo había que actuar en casos de leprosos.

Volviendo al relato de Marcos, Jesús tocó al leproso y lo sanó. El leproso quedó limpio y sano en el momento. Pero Jesús le recomendó que no lo dijera a nadie. Más bien, tenía que ir al sacerdote para hacer su ofrenda por su purificación. En esto Jesús muestra su obediencia a la ley de Dios expresada por Moisés. Al mismo tiempo manda al hombre a no divulgar lo sucedido. Acaso Jesús quería evitar el surgimiento de manifestaciones populares que de alguna manera desnaturalizarían su misión. Pero el hombre no pudo cumplir con esta recomendación. Era tal la alegría que su experiencia le provocó que comenzó a divulgar por todas partes lo sucedido, de manera que Jesús ya no podía entrar en ningún pueblo en forma anónima. Por todas partes se expandió la noticia del poder de Jesús.

 

PARA PENSAR Y CONVERSAR:

1.      ¿Hasta qué punto sentimos compasión por la gente necesitada?

2.      ¿Cómo diferenciamos “compasión” con “lástima”?

3.      ¿Por qué motivo Jesús pidió al leproso que vaya al sacerdote del templo?

 



[1] Edward J. Mally , “Evangelio según San Marcos”, Comentario Bíblico San Jerónimo, tomo III Nuevo Testamento, trad. Alfonso de la Fuente Adanez, Jesús Valiente Malla y Juan José Del Moral, Madrid, Cristiandad, 1972, p. 66.

[2] Alessandro Pronzato , Un cristiano empieza a leer el Evangelio de Marcos, vol. I, trad. Germán González Domingo, Salamanca, Sígueme, 1982, p. 36.

[3] Ibíd., p. 37.

[4] Alberto F. Roldán , Señor Total, Buenos Aires, Publicaciones Alianza, 1998, pp. 25-26.

[5] José Alonso Díaz , “Nuevo Testamento I, Evangelios (1)”, La Sagrada Escritura, 3ª ed., Madrid, BAC, 1973, p. 337.

[6] Pronzato , op. cit., p. 47.

[7] Ibíd., p. 48.

[8] F. J. Leenhardt, citado por Pronzato , ibíd., p. 49.

[9] Para un análisis de las implicaciones de la doctrina de la Trinidad, recomiendo Jürgen Moltmann , Trinidad y Reino de Dios, trad. Manuel Olasagasti, Salamanca, Sígueme, 1983. También en Señor Total, capítulo 7, he reflexionado sobre las relaciones trinitarias en relación con la Iglesia.

[10] Citado por Pronzato , op. cit., p. 61.

[11] Alonso Díaz , op. cit., p. 345.

[12] Pronzato , op. cit., p. 62.

[13] Ibíd., p. 63.

[14] Carlos Mesters , En camino con Jesús, trad. Atinano Rodríguez, Estella (Navarra), Verbo Divino, 1998, p. 24.

[15] Pronzato , op. cit., p. 82.

[16] William Barclay , “Marcos”, El Nuevo Testamento comentado, vol. 13, trad. Marcelo Pérez Rivas y Adam F. Sosa, Buenos Aires, La Aurora, 1974, p. 47.

[17] Edward J. Mally , op. cit., p. 72.

[18] Pronzato , op. cit., p. 99.

[19] Mi colega y amigo, el profesor Humberto Casanova Roberts, exégeta del Nuevo Testamento, al consultarle sobre el particular, señaló: “Ésta es una materia en la que los biblistas jamás de pondrán de acuerdo y en la que no se puede dar una respuesta confiada. En favor de ‘compadeciéndose’ hay que decir que: 1) el apoyo textual participio orgistheis es casi nulo, sólo lo apoyan el códice D y unos pocos minúsculos; 2) además, el que Jesús se enoje llega de sorpresa, nada en el texto sugiere la ira de Jesús, y para quienes adoptan esta lectura, les es difícil explicar por qué se enojó Jesús. Distinto es el caso de Marcos 3.5, donde el contexto invita el enojo del Señor (cf. Mr. 10.14). Correo-e enviado por Casanova Roberts desde Grand Rapids, el 8 de setiembre de 1998.

[20] Citado por Alonso Díaz , op. cit., p. 349.

[21] Barclay , op. cit., pp. 54-55.

 

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